Tuesday, February 10, 2009

El verdugo negro de Chávez

Daniel Romero Pernalete


Cuando irrumpió en el escenario político nacional, Chávez encontró terreno abonado para su discurso redentor. Los errores de una dirigencia negligente y miope, más que el agotamiento de un modelo de país, fueron creando una inmensa deuda social que Chávez ofreció saldar. El verbo florido de un opaco militarcito encontró oídos y, con el paso del tiempo, votos suficientes para encaramarse en la presidencia de la República.

El camino parecía ancho y despejado para impulsar las transformaciones que Venezuela reclamaba. Tenía apoyo popular, anuencia institucional y respaldo internacional. A ello se sumó lo que, pudiendo ser soporte del proceso de cambios, terminó convertido en el dulce mal con el que está muriendo: el incremento sin precedentes del precio del petróleo.

El río de dólares que inundó al país le permitió a Chávez irrigar sin inconvenientes sus proyectos sociales, a través de los cuales pretendió cancelar la factura pendiente que el país le presentó. Limosnas al mayor y al detal, más corrupción de todas las tallas, marcaron esos intentos. Ni esfuerzo creativo ni orden en la casa hicieron falta. Los dólares alcanzaban para taponar torpezas y marramuncias.

Así, la abundancia de reales impidió que la revolución echara raíces profundas. Igual que sucede con los sembradíos. Cuando la siembra es reciente y el tiempo es bueno, las plantas desarrollan raíces superficiales, porque su alimento está allí mismito. Cuando las condiciones son adversas, las pequeñas plantas, en busca de nutrientes, hunden profundamente sus raíces en la tierra y se aferran a la vida. Cuando llega la ventisca, se lleva a las primeras. Las últimas pueden resistirla.

Una revolución montada sobre la abundancia se va con el primer ventarrón. La crisis apenas ha enseñado los dientes y a la revolución ya le tiemblan las piernas. El banquete de los vividores y los corruptos se empieza a encoger. Las migajas que dejaban caer para los pobres de siempre empiezan a escasear. Los bandidos no tardarán en abandonar la fiesta. El descontento popular, orejano aún, seguirá subiendo cerros. Chávez no entendió el compromiso. Era mucho pedirle.

Hacia afuera el panorama es similar. Compró, a punta de generosas dádivas, el respaldo de unos cuantos chulos que ya no vendrán a lamerle las botas al dueño de un hueso que ya no tiene carne. Sólo se acercarán los chulitos menores (Orteguita, Evito, Correíta y Raulito) porque no tienen para donde coger.

El petróleo, ayer su aliado, será con el tiempo el verdugo de Chávez. Disminuidos sus recursos, carcomida su popularidad y quebrantados sus amoríos internacionales, Chávez y su revolución de utilería tienen sus meses contados. Independientemente de los resultados del referendo reprobatorio de la enmienda inconstitucional (del otro lado lo llaman referendo aprobatorio de la enmienda constitucional).

Ahora, sería bien sabroso que el tipo se fuera con otro revolcón en su historial, con un sonoro “no” el 15 de febrero, con otro chichón en su enfermizo ego.

10-02-2009

Friday, January 30, 2009

Ganarle a Chávez como en Japón

Daniel Romero Pernalete

Hay que ganar por nocaut. O por lo menos por paliza. Así decía la gente, en la época de oro del boxeo venezolano, cuando algún púgil criollo iba a pelear a Japón. Ganar en Japón implicaba lidiar con el contendor, con los fanáticos del contendor, con el árbitro, con los jueces, con los organizadores y con la prensa nipona. Con todos y contra todo.

En tales condiciones, una pelea cerrada brindaba a los jueces la oportunidad de mostrar, con absoluta desvergüenza, su parcialidad por el japonés. La única garantía de victoria era dar una demostración de superioridad tan amplia que imposibilitara la trampa.

Cuando en la pelea estaba en juego un título mundial, la cosa se ponía más dura. Así, las opciones para el aspirante criollo eran dos: no pelear (y que el título quedara en manos del otro) o echar el resto (lo que por lo menos le daba la oportunidad de titularse).

Algo parecido ocurre con el referendo aprobatorio (reprobatorio, prefiero pensar) de la enmienda reeleccionista de Hugo Chávez. El sector opositor, que no se ha dejado naricear, enfrenta un proceso lleno de retos. Debe hacer frente a Chávez y a todos los recursos del Estado delictivamente puestos al servicio del déspota.

Debe hacer frente también a la jauría de diputados que salieron a morder canillas. A un Consejo Nacional Electoral que ve por un solo ojo. A un Tribunal Supremo de Justicia que no ve por ninguno. A una Fuerza Armada inconstitucionalmente parcializada. Al malandraje armado que Chávez amamanta.

Igual que los boxeadores de ayer, la gente que hoy cree en la democracia tiene dos opciones: no pelear, abrumado por el ventajismo oficial (y dejar al país eternamente en manos de un psicópata) o salir a dar la pelea (dura y desigual, pero que por lo menos ofrece la posibilidad de asear del futuro).

En ese escenario, un resultado cerrado podría facilitar la consumación de algunas trampas que tuerzan la decisión de la gente. Por eso hay que esforzarse por obtener y defender una amplia ventaja. Una ventaja que impida que la suma de posibles triquiñuelas la supere. No hay de otra.

Dejarse arrastrar por el escepticismo, dejarse contagiar por la modorra de cierta dirigencia política, dejarse apabullar por los abusos gubernamentales, tirar la toalla, no salir para el siguiente round, es dejar el país a los bandidos que lo han destruido. A los vividores de siempre. A los traficantes del voto. A los cultivadores de la mediocridad. A los promotores del odio. A los desquiciados que conciben la violencia como único argumento.

Talvez ese sea el futuro que deseen los que prefieren vivir de la limosna antes que producir legítima riqueza. Los que por comodidad prefieren vivir perpetuamente obligados a vestir de rojo y hacer bulto en las marchas oficialistas. Los que prefieren repetir que pensar. Los que prefieren hijos y nietos domesticados antes que hombres libres… Me resisto a creer que esos sean mayoría en la tierra de Bolívar.

Uno tiene la esperanza de que las reservas morales del país aún no se hayan agotado. Para poder ganarle a Chávez como en Japón.

Wednesday, January 21, 2009

Chávez: buche y pluma nomás

Daniel Romero Pernalete

Quiere que lo vean grande e invencible. Señor del cielo y de la tierra. Todopoderoso y omnipresente. Por eso intimida y amenaza. Presiona y chantajea. Sofoca. Fastidia. Se burla de la Constitución y de Bolívar. Hace lo que le da la gana... Sus desplantes y arrebatos, sin embargo, son pura fachada. Pastillaje sin bizcocho. Buche y pluma no más, como cantaba la Lupe.

No se había borrado aún la tinta del meñique por las elecciones regionales cuando Chávez inició la cruzada por su reelección. Los siervos de la Asamblea Nacional salieron en tropel a aplaudirle la gracia. El TSJ se la bendijo. El CNE se la sazonó.

El apresurado despliegue de ambiciones, por un lado, y de complacencias por otro, fue percibido por algunos como una demostración de fuerza y de arrojo. Nada de eso. La valentía no es una de las cualidades de Chávez. Los temblequeos del 4 de febrero y la llantina del 11 de abril lo evidencian. A Chávez lo enculilla el riesgo. Es de los que le zapatea al perro cuando sabe que está amarrado.

En efecto, con la enmienda reeleccionista, Chávez no arriesga nada. Si el país se la niega, Chávez se iría en enero de 2013. Igualito que si no hubiera propuesto enmienda alguna. Como quien compra un boleto para una rifa y si no obtiene el premio le devuelven el valor del tique

Por otro lado, el apresuramiento por iniciar la campaña enmendadora no viene de una hipotética fuerza demostrada en las elecciones de diciembre. Por el contrario, es producto de la merma percibida en su poder de convocatoria. Chávez, además, sabe que la crisis mundial le empieza a roer las patas. Que los ingresos petroleros se encogen, y con ellos las posibilidades de repartir limosnas. Sabe que se verá obligado a tomar medidas impopulares.

Por si fuera poco, Chávez está conciente de que las importantes posiciones alcanzadas por la unidad opositora en las elecciones de diciembre pueden convertirse en vitrinas que, por contraste, pongan en evidencia la ineptitud del funcionariado oficialista.

Chávez sabe, en dos platos, que el tiempo corre en su contra. Para después era muy tarde. El apresuramiento es producto del temor. Del temor a la gente. Al rechazo. Del temor al dedo índice erecto entre los otros dedos recogidos. Y de un temor paragua que los arropa a todos: el temor a ser enjuiciado por los delitos cometidos cuando deje el poder y quede desnudo de inmunidad.

El santo le sigue dando la espalda. Con cada movimiento, Chávez se hunde más en su propio estercolero. Invocó a Bolívar y se le apareció el Diablo. Desdiciéndose obscenamente, invitó al festín reeleccionista a todo funcionario electo y la gente frunció el ceño. Adornó la pregunta de la enmienda con guinditas jurídicas para cazar pendejos y lo que ha hecho es espantarlos.

Es mentira que Chávez tenga hoy apoyo mayoritario para su pretendida enmienda. Si tuviera ese respaldo no hubiera mandado a sus bandas armadas a sembrar el terror. Ni ordenado reprimir al movimiento estudiantil. Ni hiciera el ridículo desfigurado el concepto de alternabilidad. Ni tuviera que sabotear la gestión de los gobernadores y alcaldes no oficialistas… Quien se siente seguro no patea la mesa. Ni bota el mingo.

La presunta fortaleza de Chávez es mera apariencia. Chávez es un tigre de cartón (con las patotas húmedas, además). Un muñeco inflable (con varios huequitos por donde sale el aire, por añadidura)… Y él sabe que la gente lo sabe.

Sunday, January 11, 2009

Tiro por la culata

Daniel Romero Pernalete

Las encuestas lo asustaron. Los murmullos en el PSUV le espantaron el sueño. Le aflojaron las tripas las cajas vacías que llevaron a la Asamblea Nacional el exinanido respaldo popular para su enmienda… El tipo tuvo que recular. Tragarse sus argumentos. Renunciar a su indispensabilidad única. Colectivizar el atropello a la democracia. Generalizar la traición al pensamiento del Libertador.

Desde hace mucho tiempo, el Gran Patán y sus patancitos hicieron lo imposible para demostrar que sólo aquél era imprescindible para garantizar la continuidad del bochinche que ellos llaman revolución. No se podía permitir, dijo el tipo, la aparición de caudillitos regionales. Así lo recogió la frustrada reforma del 2007. Y ese era el contenido de la enmienda “pequeñita” que el propio Chávez propuso.

En una noche de insomnio y aflojamientos intestinales, el tipo decide extender la reelección indefinida a todos los cargos de elección popular. Los promotores de la reelección presidencial exclusiva debieron salir a lavarse ese paltó (utilizo aquí una expresión del propio presidente). Tuvieron que enrollar sus argumentos y metérselos en el bolsillo (hago uso de otra expresión de Chávez).

Con esta sorpresiva cabriola, Chávez quiso congraciarse con algunos dirigentes de su partido, quienes vieron clausuradas sus legítimas aspiraciones sucesorias. Quiso ganarse la voluntad de unos centenares de funcionarios electos que, con alas cortas, saben que ya tocaron techo y prefieren quedarse para siempre en la ramita que lograron alcanzar.

Lo que no ha medido Chávez es el efecto que su morisqueta puede tener sobre un universo muchísimo mayor del electorado, dentro y fuera de su partido. No es un secreto para nadie que, en este país, detentar el poder a cualquier nivel otorga a quien lo ejerce amplia ventaja sobre cualquier nuevo aspirante. Y aspirantes nunca han faltado en Venezuela.

Así, muchos militantes del PSUV tendrán que meterse sus apetitos políticos por donde dijo el presidente. Tendrán que conformarse con ver matrimoniado a algún compañerote con un cargo… hasta que la muerte los separe. Esta situación tendría repercusiones posteriores, aún ganando el referéndum (cosa que dudo, si el juego no es muy turbio). Las guerras domésticas terminarán, más temprano que tarde, con el partido y con el reinado de Chávez.

Pero hay más. La combinación de la reelección indefinida con las ventajas que indudablemente otorga el ejercicio del poder, colocaría al ciudadano común en una situación de gravísima indefensión, pues se reducirían las posibilidades de renovar sus gobiernos y sus representantes. No creo que sean muchos los ciudadanos dispuestos a afilar el cuchillo que amenaza su propio pescuezo.

Ya no se trata, para la gente de a pie, del riesgo de tener que soportar un presidente vitalicio (aparte de inepto), sino unos gobernadores y alcaldes perpetuos (independientemente de sus méritos)… Siempre perdiz hasta al obispo cansa, sentencia un castizo refrán. A Chávez, con su nueva pirueta, le puede pasar lo del carnero encantado… y quedar trasquilado.

Chávez, y él mismo se empeña en demostrarlo, no está hecho para la democracia. La democracia verdadera, como la vida, supone cambio, renovación, fluidez, reemplazo, remozamiento. Es más una carrera de relevo que un maratón eterno. Es más río en mudanza permanente que agua estancada. Es más promoción de iniciativas que imposición de esquemas. Tiene más de debate que de eucaristía. Y mucha gente lo sabe.

A Chávez, en dos platos, le puede salir el tiro por la culata.

Sunday, January 04, 2009

Un relato para usted, señor Chávez

Daniel Romero Pernalete

Saludos, señor Chávez. Disculpe que no lo llame presidente ni comandante, porque usted sólo se siente comandante y presidente de quienes aplauden sus tropelías. Formo parte del amplio sector del país que usted ha clasificado como sus enemigos. Haciendo honor a ese estatus, me gustaría amargarle el inicio del año desenterrando un pedacito de esa historia que usted se empeña en omitir o en deformar. ¿Preparado?

Érase una vez un venezolano (igual que usted, pero no tan indocto), militar (igual que usted, pero con las botas bien puestas), Presidente de la República (igual que usted, pero con mayúsculas), quien después de catorce años como tal (el mismo tiempo que usted tendría para el momento de hacer sus maletas) fue electo de nuevo para ese cargo a través de los mecanismos formales de aquellos tiempos.

El protagonista de este breve relato se sintió emocionado y manifestó su gratitud. Sin embargo, rechazó con reverente sumisión, como el mismo lo expresó, tal designación, pues consideraba que violaba la Constitución vigente en aquel entonces.

Nuestro personaje ha podido, acatando el mandato del Congreso, pasar por encima de la Constitución, o mandar a modificarla para aceptar la solicitud del cuerpo legislativo que lo había elegido Presidente de la República. Autoridad no le faltaba. Pero prefirió ser fiel a sus principios y a la Constitución. Dio, en otras palabras, una muestra de integridad, humildad y respeto (no sé si usted conoce el significado de tales conceptos).

Pero el rechazo al mando por parte de nuestro personaje no sólo tenía fundamentos constitucionales. Esgrimió también argumentos de vida y de competencia personal. Señaló que su profesión horrible de militar (¡y usó esas mismas palabras!) lo había hecho un soldado, con brazos fuertes para el manejo de las armas pero torpe con el mando civil. Lo confiesa con sinceridad y con rubor. El estaba convencido de que una Republica no se puede gobernar como un cuartel. ¡Qué lejos está usted de ese señor!

Pero nuestro protagonista no se quedó ahí. Y remató su firme posición apelando a algunos valores propios de la democracia moderna: advirtió sobre los peligros del mantenimiento indefinido del poder público en manos de un mismo individuo. ¿No le chillan los oídos, señor Chávez?

Finalmente (¡colmo de los colmos!), nuestro personaje hizo referencia, con admiración y respeto, al mismísimo padre de la República americana, a la que consideraba la hermana mayor de la República cuyo mando rechazaba. Si apeláramos a los argumentos que usted emplea, el tipo sería hoy considerado un pitiyanqui con tapa de cuero, un asalariado (¡y de la nómina mayor!) de la CIA, un traidor de la más baja ralea…

El héroe de nuestro relato, finalmente, pide al Congreso que acepte su respetuosa negativa. Y manifiesta su disposición de servir a la República desde otros ámbitos distintos al de la Presidencia… Si estuviera aquí y ahora, lo veríamos encabezando el movimiento contra sus pretensiones de perpetuarse en el poder.

¿Conoce usted al personaje, señor Chávez?... El protagonista de esta corta historia es Simón Bolívar (el mismo que usted utiliza como excusa para sus excesos). Expresa su posición en una carta al Presidente del Senado de Colombia, fechada 4 de junio de 1826, en respuesta a su escogencia como Presidente de la República. Y lo hace a un septenio del Congreso de Angostura, donde manifestó similares opiniones. Eso da idea de la firmeza y la constancia de sus planteamientos. Y no venga con el cuento, señor Chávez, de que se está usando la palabra de Bolívar fuera de contexto.

Usted, señor Chávez, puede seguir promoviendo las trapacerías que quiera. No le van a faltar cómplices que le hagan los mandados ni desprevenidos que le compren sus mentiras. Pero, su tuviera un poquito de respeto por la memoria del Libertador, dejaría de utilizarlo como justificación para sus enfermizas ambiciones de poder.

Nos vemos en el referéndum, señor Chávez.

Thursday, June 28, 2007

Trivia para visitantes

Daniel Romero Pernalete

Bienvenido, visitante, a mi pobre país rico. La Copa América lo ha traído a esta tierra. Supongo que algo sabe usted sobre la Venezuela que hoy lo acoge. ¿Qué le parece si ponemos a prueba sus conocimientos? Le propongo una trivia. Son pocas preguntas. Las que quepan en cuartilla y media.

¿Conoce usted el nombre del golpista que en febrero de 1992 dirigió una sangrienta asonada militar contra un gobierno, aunque malo, legítimamente constituido? Respuesta: Hugo Chávez, quien paralizado por el miedo se mantuvo escondido en el Museo Militar mientras los soldados de uno y otro bando se rociaban de plomo

¿Sabe usted quién detenta el poder legislativo en la Venezuela de la Copa América? Respuesta: Hugo Chávez, quien lo ejerce directamente gracias a la Ley Habilitante, mediante la cual el rebaño de sus incondicionales que cobran como diputados le cedió su potestad para hacer leyes.

¿Sabe usted quién es el dueño del poder judicial en Venezuela? Respuesta: Hugo Chávez, quien lo ejerce a través de un domesticado equipo de magistrados puestos por él para que fabriquen decisiones a la medida de sus ambiciones.

¿Sabe quién inventó para Venezuela el disparate del Socialismo del Siglo XXI como una excusa para eternizarse en el poder? Respuesta: Hugo Chávez, quien, como producto de sus escasa y mal digeridas lecturas, ha eructado un proyecto personalista en el cual se mezclan caudillismo, militarismo y autocracia

¿Recuerda usted el nombre del gobernante venezolano que ha llamado a Fox cachorro del imperio, ladrón a Alan García, borracho a Bush, cipayo a Toledo y pendejo a Insulza, sin el menor respeto por la personas ni por sus investiduras? Respuesta: Hugo Chávez, quien ha escupido las más purulentas ofensas contra todo el que no se someta a su petróleo.

¿Sabe usted qué presidente venezolano mandó públicamente al carajo a quienes se le oponen, en una manifestación de absoluto desprecio por el pluralismo y la disidencia que son elementos esenciales de la democracia? Respuesta: Hugo Chávez, en un pobrísimo y desesperado acto de masas, el 2 de junio pasado

¿Conoce usted el nombre del presidente venezolano que ha señalado públicamente que le importa un comino la opinión internacional por los abusos cometidos contra la libertad de expresión en Venezuela? Respuesta: Hugo Chávez, en una alocución del 17 de junio, desconociendo los más elementales principios de la convivencia internacional.

¿Sabe usted quien le ha exigido cínicamente al pueblo venezolano que se olvide de los principios constitucionales de la alternabilidad democrática y la división de poderes? Respuesta: Hugo Chávez, en el acto del 2 de junio, colocándose abiertamente al margen de la Constitución.

¿Sabe usted quien ofreció un fusil a cada hombre y a cada mujer de este país, en lugar de ofrecer un tractor, un libro, un trabajo o un ordenador? Respuesta: Hugo Chávez, en un alarde de enfermizo guerrerismo y de burla a la civilidad y a la paz, el 21 de junio pasado.

¿Sabe usted cual presidente venezolano le ha pedido a su pueblo que aún sin vestido y con hambre se sacrifique por un socialismo que ha hecho inmensamente ricos a él y su cuadrilla de farsantes? Respuesta: Hugo Chávez, el mismo que pregona desde su opulencia que ser rico es malo.

¿Conoce usted el nombre del próximo ex presidente de Venezuela que deberá pagar e alguna forma, más temprano que tarde, todo el daño que le ha hecho al país? Guárdese la respuesta… por ahora.

Wednesday, June 13, 2007

Tío Tigre y Tío Conejo

Daniel Romero Pernalete

El atropello oficial les tumbó los libros. La rabia los sacó del aula y los puso en las calles. Y en el corazón de media Venezuela. Y en la conversación de todo el mundo. Los muchachos salieron respondones. Al gobierno le saltó la liebre de donde menos lo esperaba.

Una nueva dirigencia estudiantil le puso rostro a la protesta e inteligencia a la querella contra la demagogia y el abuso. Es probable que hayan cometido errores. Es normal en todo estreno. Es probable que no compartamos con ellos algunas concepciones. Es normal cuando la gente piensa.

La experiencia los irá tallando. Puliendo. La madera parece buena. Los muchachos tienen bien puestas las neuronas, bien limpias las manos y bien claras las voces. Tres cosas que no cuadran con el socialismo necrofílico de Hugo Chávez.

Los ataques de histeria del presidente y de sus diputados no son gratuitos. Ni los escupitajos de ministros y de otra fauna menor. El gobierno ha bufado, ha gruñido, ha aullado, ha coceado. Ha enseñado colmillos y garras. Parece que se le extravió el plan de vuelo.

Los calificativos que el gobierno ha vertido contra la dirigencia estudiantil no son muy originales que digamos. Forman parte de la cartilla de insultos que todo buen chavero debe manejar: oligarcas, lacayos del imperio, mercenarios de la CIA. traidores a la patria.

Cada injuria salida del gobierno es una especie de certificado de solvencia política y moral. Los muchachos crecen con cada improperio que les dedica Chávez o cualquiera de sus marionetas.

La emergente y legítima dirigencia estudiantil ha demostrado cualidades poco comunes en el escenario político actual: capacidad de convocatoria, prudencia, inteligencia, guáramo y astucia. Lo demostraron en la forma como evadieron la soga en el cadalso político que les había preparó la deslustradísima Asamblea Nacional.

Se ha desgastado mucha tecla analizando el asunto. Cobarde huida, dice la historia oficial. Jugada magistral, afirman algunos analistas desde esta acera. Imperdonable error, advierten algunos opinadores desde este lado del presente.

En mi inmodesta opinión fue una buena salida. Me atrevería a decir que la única. Con su actuación, los muchachos nos recordaron las historias de Tío Tigre y Tío Conejo. Dos ancestrales contrincantes que representan la fuerza bruta y la inteligencia. Respectivamente.

Allí estaba Tío Tigre, con los colmillos al aire y las garras desnudas. Saboreando por adelantado el preciado banquete. Salivando su victoria. Adentro, Cilia con sus verdugos. Afuera, Lina con sus sayones.

Vestidas y alborotadas se quedaron. Los muchachos les aguaron la fiesta. Hicieron lo que fueron a hacer y les tumbaron el libreto. Nos regalaron unos discursos estupendos e hicieron mutis con irreverente y simbólico gesto.

La presa se escapó a un paso de la olla. Como siempre lo hacía el Tío Conejo en los cuentos de antaño. Tío Tigre, también como en los cuentos, maldijo y dio zarpazos durante el resto del día.

Fue una hermosa faena esa de los muchachos. Como buenos toreros no se dieron topetazos con el toro. Le dieron tres pases de antología y cuadraron un par de banderillas de excepción. Y terminaron con desplante y todo. Tiraron las franelas y se marcharon. Como esos matadores que lanzan el capote al ruedo y se marchan corajudamente dando la espalda al toro.

Hugo Chávez quedó ajado y banderilleado. Tanto, que fue a buscar refugio entre las barbas de Fidel Castro.